El arte de copiar bien o por qué en licitaciones el copiapega no renta

por | 02/11/2017 | Curiosidades, Opinión, Profesión | 0 Comentarios

Anibal cruzando los Alpes William Turner 1812

En el año 2010 tuvimos la oportunidad de ver la exposición Turner y los maestros en el Museo del Prado de Madrid. Fue una exposición temporal de verano fresca y motivadora, de esas que te rompen el bolsillo pero te limpian el alma. En estos días inciertos en los que la ausencia de honor y la pérdida de valores son hechos de lo más cotidiano, algunas de las enseñanzas de aquella exposición de hace 7 años sobre la obra de William Turner no pierden fuerza.

¿Por qué importunamos a Turner en este plomizo día de difuntos? Porque estamos hartos de lo que vemos: copiapega facilón y apropiación de ideas. Que internet es un continente caníbal sin ley ni civismo, ya todos lo sabemos a estas alturas. Sin embargo, la red no deja de ser un reflejo parcial de lo que son -entre otras cosas- nuestra profesión y nuestra actividad.

Nos viene a la mente una escena: 1917, barrena vertiginosa del barón Von Richthofen ametrallando un biplano británico desde su Lola. Pese a su juventud, como caballero y hombre de honor, no dudaba en saludar al enemigo abatido que comenzaba a caer. Existía admiración y respeto, incluso entre enemigos, incluso entre seres humanos que en aquellos días de la Gran Guerra resolvían sus diferencias a tiros.

Turner y la imitación

Volvemos a Turner, de cuya exposición y la obra mostrada lo que más nos impresionó no es a dónde consiguió llegar (que también), sino lo que deja en el periplo de su etapa de aprendizaje. La copia e imitación constante e insaciable de las obras de sus maestros es su principal valor.

Copiar a Rembrandt es dificil. Copiar esa magia con la que el pintor holandés inyecta poesía a la escena más miserable es algo muy diferente. Hacer algo parecido con obras de Piranesi, Claudio de Lorena, Poussin, Dughet o Tiziano es una virtud y se convirtió para Turner en una forma de vida, un estilo propio que convierte lo peyorativo y vil del copiar en música y luz.

Turner no hacía copiapega, gracias a los dioses. Con sanguina y óleo no puede hacerse tal cosa. Él imitaba, diseccionaba, estudiaba, prestaba atención, veía lo que otros no podían, aprendía. Lo suyo no era copiar, era vincular, incorporar, tomar ejemplo. Todos deberíamos seguir sus pasos.

Hace ya algunos años leímos Hacia una arquitectura. Un acertado Le Corbusier aconsejaba -en caso de tener que decorar una habitación con un cuadro- una lámina o reproducción de una obra maestra siempre antes que un cuadro mediocre. Qué tío.

Sirvan las parejas de imágenes siguientes para ilustrar cómo se copia con corazón, con honor, con genialidad, con destreza; en definitiva, con maestría:

En la fila superior los maestros admirados e imitados; en la inferior las obras de Turner. Arriba a la izquierda El Molino, de Rembrandt (1645) y justo debajo Molino en un alto (1795). Arriba en el centro El glorioso Primero de Junio de 1794, de Loutherbourg (1795) y bajo él La batalla de Trafalgar (1823). En la parte derecha Puerto con el embarque de Santa Úrsula de Claudio de Lorena (1641) y debajo El declive del imperio cartaginés (1817).

J. M. W. Turner, el romántico copiota. Los dioses le den miel.

Copiar para aprender a copiar

A lo largo de nuestra formación hemos copiado mucho y, como en todo en esta vida, empezamos haciéndolo muy mal y hemos ido mejorando. Aprendimos dibujando las axonometrías fascistas de Terragni, hemos calcado las plantas imposibles de Enric Miralles o los artilugios de Federico Soriano. ¿Quién no ha querido alguna vez conquistar el mar a lo Kenzo Tange en la bahía de Tokio o diseñar estructuras de locura como los palitroques de Koolhaas o los gusanos de Toyo Ito?

Copiábamos sin saber lo que hacíamos. Una columna jónica, un detalle constructivo de los Herzog, un párrafo de Reyner Banham o un proyecto completo de Kazuyo Sejima. Copiar, aprender y volver a empezar. Copiábamos a los maestros y jugábamos a inventar lo que ellos ya habían creado. Y poco a poco el copiar a lo loco como estudiantes se fue transformando en algo sistemático y útil, de igual forma que los bocetos de Turner, pero siempre con respetuosa veneración.

Redibujar el Atlanpole de Hans Kolhoff planta por planta, repetir su discurso y creérselo. Memorizar y reescribir versos de Benedetti, Pessoa o Gil de Biedma hasta creer que los habíamos escrito nosotros. Copiar en cierta ocasión aquellos volúmenes trapezoidales de Matos y Castillo en cartón de embalar. Repetir licks de Walter Horton o Django o incluso tonadillas populares ¡y atreverse a variarlas!

La copia es buena en sí misma, si eleva el espítiru y enseña. La copia es el legado de un maestro muerto a un aprendiz autodidacta. El copiapega, sin embargo, es como robar el bolso a una abuela o como colarse en el metro y hacerse el despistado. Lo mío mío y lo tuyo ¡…mío también!

Copiar y pegar es fácil, simple, barato; a menudo es inclus gratis. A estas alturas citar a la fuente es como destocarse, ceder el paso o decir por favor: costumbres caducas de tiempos lejanos. ¿Qué sucede si el autor de un dibujo, un texto o un trabajo ha invertido dinero, horas, talento, amor, café y sufrimiento en crearlos? Pues que CTRLC y CTRLV y ahí te jodes como Herodes.

Escribimos este texto porque parecía que ya habíamos paladeado lo más “guay” de este infrasector de las licitaciones de obra. ¡Mais non! Todavía nos quedan cosas mucho más “guays” por descubrir.

Copiar de manera cutre e indignarse por ello

Hace un par de años escribimos un artículo-denuncia en nuestra web antigua porque a una empresa navarra de ingeniería le habían gustado las frases que escribíamos para describir nuestra forma de trabajar, o mostrar nuestras aptitudes. Por supuesto hicieron copiapega y las reescribieron en su web. Porque yo lo valgo.

Al cabo de unas semanas, un buen día apareció detrás del teléfono un individuo cabreadísimo porque habíamos subido fragmentos de su página web. Que los quitásemos -chillaba- que no citásemos el nombre de su empresa, que no nos atreviésemos a recomendarle ver películas, bla, bla. Cuando le preguntamos por las frases cogidas de prestado nos respondió que “eso era cosa del que le hacía la página web, que él no sabía nada”. ¡Bravo!

Ni modestia, ni disculpas, ni caballerosidad, ¿para qué? De hecho fue con nosotros tan agresivo que nos da no se qué subir de nuevo imágenes de aquel plagio, ya que no queremos volver a tener que responder una llamada así.

Copiar a google

¿Fue aquel un hecho aislado? Sí y no. ¿Es un tema ya del pasado? Sí y no. Mientras escribimos hoy estas líneas hacemos la siguiente captura de una búsqueda anónima en google. Esto es google, no es ninguna web privada y nosotros ni citamos ni juzgamos, sólo mostramos una consulta que cualquiera puede realizar.

Aún así hemos preferido no ser pornográficos. Si este texto tiene alguna intención, precisamente no es la de perjudicar la reputación de nadie.

CTRLC CTRLV. Vamos, no han cambiado ni las comas. Cada letra y cada espacio perfectamente copieteados. Bien por ellos. No sin curiosidad entramos en su página web y por lo que vemos son una empresa bastante grande, con una plantilla de más de 20 personas y con una facturación anual de más de un millón de euros. Posiblemente nuestros honorarios de un año de trabajo sean inferiores a lo que ellos se gastan en viajes o teléfono.

Pero ni con toda esas cabezas pensantes ni con todo ese dinero pueden montar un snippet propio; tienen que venir a copiar el nuestro. Total, es una simple frase de apenas dos líneas sin valor alguno, sin autor, sin dueño. Si pensasen así estarían en lo cierto ya que en realidad no copian nuestra frase, a quien copian es a google. Algo que da que pensar.

Copiapega raw sin espineo

Hay por ahí otra página web corporativa de otra ingeniería a la que también les debemos parecer poetas. Son solamente dos parrafitos de nada pero de igual manera, hacen CTRLC CTRLV sin espineo. ¿Para qué andar perdiendo el tiempo?

La frase que es diferente: “Este apartado se desarrolla con abundantes fotografías, fotomontajes y esquemas explicativos de cualquier tema que ayude a mejorar su compresión” efectivamente no coincide con exactitud, pero solamente porque está copiada de nuestro siguiente párrafo, el cual no hemos incluido aquí para no cansar, pero que puede leerse tal cual en nuestra página de inicio.

Cuando copiar supera el umbral de la decencia

Hasta aquí cara de póker. Los anteriores son ejemplos tontorrones de lo que da internet de sí. No nos importa que se copien por ahí frases o párrafos que hemos redactado nosotros para nuestra propia página web. Joder, al contrario; en caso de tener que sentir algo sería halago. No son arte, no son poemas, ni siquiera son frases buenas.

Solamente son pequeños fragmentos de texto redactados con cariño. Lleva algo de tiempo pensarlos, hacer algunos borradores y escribir el código que los contiene. Lleva tiempo, sí. Un tiempo, por otra parte, que otros no están dispuestos a perder. Son algunos más los ejemplos de los que tenemos conocimiento al respecto, pero estos son actuales y se encuentran con facilidad.

Sin embargo hay un caso -no muy lejano en el tiempo- que a día de hoy áun no hemos logrado comprender. En verano de 2016 realizamos un concurso para el Ministerio de Cultura: la licitación de las obras de restauración del Castillo de Jarque, en Zaragoza. Una pequeña muestra de dicha presentación ah sido incuida en nuestra página de inicio, no sin cierta intención:

Se trata una de las documentaciones técnicas en la que hemos derrochado más corazón, ilusión y horas pero -como juguetes del destino que somos- ese trabajo ha terminado en manos de una consultoría madrileña cuyo nombre tampoco desvelaremos. Insistimos en que entre las posibles intenciones de este texto, la de alterar -pese al agravio- la reputación de colegas de profesión no está entre ellas.

Es cierto que nos gusta pasearnos por las webs de empresas y equipos del sector. Se aprende mucho viendo las cosas alucinantes que algunos hacen y motiva imaginar que algún día nosotros seremos capaces de llegar a su nivel. De vez en cuando lo hacemos, y en una de esas excursiones didácticas por la red nos encontramos con esta imagen, la cual hemos licuado parcialmente para no mostrar material ajeno del que nada queremos saber:

Sí mostramos, por el contrario, un fragmento de dicha imagen cuyo contenido, diseño, maquetación elaboramos nosotros para la empresa que nos encargó este concurso y que no es Acciona -como aparece en la esquina superior izquierda- ya que este grupo empresarial ni siquiera se presentó a la restauración de este castillo.

Echaron mano a un trabajo que no era suyo, lo manipularon, quitaron el nombre de la empresa que nos hizo el encargo (y que nos pagó por el trabajo realizado), colocaron el logo de Acciona sobre él y subieron el documento editado a su página web supuestamente como un ejemplo más de sus trabajos realizados. Señor…

Cuando lo vimos no dábamos crédito, no nos esperábamos algo así. “Tristeza, cabreo y decepción” son las palabras que usamos en el email que no tuvimos más remedio que escribir. Lo anterior vale; esto no. Después de aquello nos sentimos un poco más como el Corsario Negro: misántropos y taciturnos, mientras que sus risas es posible que todavía se sigan oyendo. Pero la vida continúa y afortunadamente ya casi ni nos acordamos de aquello aunque, a día de hoy, seguimos sin comprender cual pudieron ser las razones de tal felonía.

La punta del iceberg

Todo esto y más lo hemos ido descubriendo solamente dando un garbeo por la red. Nada de detectives privados, sólo páginas web abiertas al mundo, horas de Firefox y plena diurnidad. ¿Qué no habrá tras el telón? ¿Qué no se hará desde lo oculto? ¿Con cuánta información se mercadeará por aquí y por allí? Desgraciadamente no tenemos respuesta a esta pregunta, pues el conocimiento que tenemos de lo que sucede en el plano paraconcursal es insignificante.

El copiapega, en definitiva, es pan para hoy y hambre para mañana. Y si no recordemos la archiconocida cita de Martin Niemöller de “cuando vinieron a por los comunistas (…)”. Si solamente copiamos y copiapegamos, si las primeras teclas que se borran de nuestros teclados son la C y la V en vez de las vocales, si pensamos que internet es un pozo sin fondo en el que se puede sacar sin tener que reponer, llegará unn día en que ya no quede nada original por copiar.

Vuelta de nuevo a Turner, vuelta la burra al trigo. No podemos terminar este texto sin hacer referencia al estremecedor lienzo que lo encabeza: Tempestad de nieve: Aníbal y su ejército cruzan los Alpes. Íberos, celtas, galos, cartagineses, númidas, germanos. Todos ellos atascados en lo que bien podía ser una recreación del desfiladero de San Bernardo. Ante la pregunta de qué pasaría de no encontrar el ejército un paso a través de las montañas, Aníbal respondió: “Encontraremos un paso. Y si no, LO CREAREMOS”.

Crear -intentarlo al menos- siempre será mejor que hacer copiapega.
Seamos un poco como Aníbal Barca.
Seamos como Turner.

Licencia Creative Commons
Todas las imágenes contenidas en el artículo titulado ‘El arte de copiar bien o por qué en licitaciones el copiapega no renta’ y las fotos actuales del artículo con el mismo nombre son contenido original. De las obrs de arte se ha citado la fuente en la medida de lo posible. Aquellas fueron publicadas por primera vez en sobredos.com y se encuentran bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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